Ariadne Galleries

Tesoros de la edad oscura
July 23 - September 29, 2002
Virtual Tour

Tesoros de la edad oscura Del 23/07/2002 al 29/09/2002 Centro Cultural Bancaja de Alicante Rambla Méndez Núñez, 4 , Alicante Exposición que muestra objetos cotidianos de la Edad Media y que permite descubrir el arte en un periodo de movimientos humanos sin fronteras. Las piezas que se presentan en esta exposición nos permiten acercarnos a un mundo de objetos y de estética poco familiar, pero importante en la historia de la Europa de los pueblos. Es una oportunidad única para que esta tradición alternativa del arte occidental sea apreciada. Podemos explorar de cerca el enlace perdido entre el mundo postromano y la Europa moderna, porque nos acerca al arte que se produjo en ese período de movimientos humanos sin fronteras. Debido a la migración de los pueblos, en vez de contemplar grandes objetos de pintura y escultura contemplamos el arte de adornos personales, de armas y de los jaeces de caballos que muestran un cambio dramático entre la figura y el fondo en los relieves y el principio de las composiciones en mosaico. Una forma de arte que anuncia la estética que se podrá contemplar posteriormente en las impresionantes vidrieras del siglo XII en adelante. La época de las Grandes Migraciones duró alrededor de 500 años y supuso el desplazamiento de guerreros, sus familias, bienes y esclavos. Cambiaron el mapa de Europa étnica y lingüísticamente. Ha llegado el momento de detenerse para apreciar mejor esta tradición alternativa del arte occidental, se trata del eslabón perdido entre el mundo clásico y la Europa moderna. Aunque actualmente muchos broches y hebillas de bronce tengan una venerable pátina verde, originariamente debieron de brillar con intensidad a la luz del sol o a la del fuego. Estos objetos preciosos son pequeños, pero premian nuestro minucioso estudio. Los motivos de animales entrelazados de bestias o los paneles de incrustaciones bruñidas, son microcosmos diseñados para ser estudiados con detalle. En su apogeo, el Imperio Romano era una mezcla de culturas. Los recién llegados, procedentes del Mediterráneo oriental, de África o de los bosques del norte, se adaptaban con facilidad conforme asumían la cultura grecorromana y eran gobernados por sus instituciones. Los espectaculares cambios del arte romano tardío, anteriormente vistos como señal de decadencia y ocaso, son, por el contrario, signos de emergencia de un arte nuevo más intensamente expresivo. El antiguo lenguaje visual del paganismo dejó de ser adecuado para transmitir las íntimas visiones de una espiritualidad apasionada. En el Bajo Imperio Romano, el equilibrio clásico entre figura y fondo, propio de la escultura en relieve, cambia de forma drástica. Las figuras parecen flotar libremente en un fondo de sombras tan profundo que tiende a desaparecer. De hecho, algunas veces así ocurre: el mármol se convierte milagrosamente en encaje en los capiteles o en los muros de los coros. De igual modo se cincelan láminas de oro hasta convertirse en estructuras etéreas, utilizando una técnica llamada opus interassile, que proporciona a anillos y pulseras una delicadeza casi inmaterial. Placas de cinturones de metal se convierten en marcos tallados, ya que la tracería reemplaza las formas sólidas. Mosaicos compuestos por teselas de brillantes colores de piedra o cristal, que se habían utilizado para pavimentos desde tiempos helénicos, ahora invaden los muros y los techos de las basílicas y los baptisterios cristianos, negando la solidez de la arquitectura que se disuelve en un puro brillo de luz reflejada. Para estos pueblos el arte consistía principalmente en tesoros: ricos objetos de adorno personal, armas y jaeces para los caballos. Sin embargo, paradójicamente, aunque se limitaba a lo que nosotros –herederos del canon clásico– denominamos artes menores o artes decorativas, su arte no fue nunca meramente decorativo. Bellos objetos personales finamente trabajados poseían para sus propietarios un aura y un prestigio que nosotros desconocemos. Un cinturón, por ejemplo, símbolo de la identidad masculina, a menudo se doraba o enjoyaba, y no es una coincidencia que los relicarios y las cubiertas de los Evangelios recibieran magníficas incrustaciones similares. La noción germánica de la realeza se centraba en la posesión –y reparto– del tesoro. El oro era venerable por sí mismo y el arte casi mágico del herrero lo convirtió en aún más poderoso. ¿Quién puede mirar las espléndidas joyas aquí reunidas, resplandecientes con oro y granates del color de la sangre, y pensar que ésta fue una edad oscura? La ornamentación confirió prestigio a los objetos. Las superficies se llenaban hasta los bordes con complejos diseños que le debían poco o nada al repertorio establecido de motivos clásicos (las eternas hojas de palma y de acanto). El cincelado, una técnica derivada de la carpintería, rompe la superficie de hebillas y broches en una miríada de facetas afiladas que atraen la luz. Abstracto, irracional e intensamente energético, el arte de las gentes del norte proporciona un nuevo vocabulario expresivo. La representación naturalista se abandona, a medida que el universo clásico humanista cede ante la invasión de una horda de serpientes retorcidas y entrelazadas, y de monstruos de fauces abiertas. Las colecciones de este arte son muy raras y se suelen concentrar en el patrimonio nacional, mientras que aquí esta exposición cubre una docena de pueblos como los celtas, los iberos, los bizantinos, los ostrogodos, los escitas, los visigodos, los merovingios, los lombardos, los anglosajones y los vikingos: una Europa sin fronteras, una Europa en unidad de movimientos migratorios. Además, desde el aspecto artístico, podemos reflexionar sobre la historia de este continente nuestro.